Arrebato de la dignidad humana: La trata de personas con fines de explotación sexual

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“La trata de personas con fines de esclavitud sexual forma parte innegable de la esclavitud del siglo XXI, cuya existencia entrelaza diferentes factores que la han hecho crecer y subsistir.” El tema es por todos conocido y por muchos ignorado, sin embargo, la trata de personas constituye uno de los problemas más apremiantes del siglo XXI; millones de mujeres, niños y hombres son sometidos a esta forma de esclavitud moderna. Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), existen aproximadamente 2.4 millones de personas víctimas de trata con fines de trabajo forzado, servidumbre doméstica, mendicidad, extracción de órganos y explotación sexual; siendo esta última la más recurrente. Cada año, miles de mujeres y niños alrededor del mundo  son sustraídos o vendidos, atraídas con falsas promesas de trabajo, relaciones románticas, o extorsión, y privadas de su libertad para ejercer trabajos sexuales; las víctimas son sometidas a jornadas interminables de trabajo, así como a agresiones físicas y psicológicas que socaban sus derechos y su dignidad humana. La mayor parte de estas víctimas proviene de regiones subdesarrolladas, siendo el caso de México, Centro y Sur América, Europa del Este, Asia y África, teniendo como principal pero no único destino Estados Unidos, Europa Occidental y las regiones más ricas de Medio Oriente; sin embargo,  muchas veces las víctimas no abandonan su país de origen. La trata de personas con fines de explotación sexual ha sido condenada por la comunidad internacional, el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente de Mujeres y Niños, marca una pauta fundamental sobre el hecho, e impulsa la tipificación de este delito en un creciente número de países, lo que permite castigar y perseguir el acto; asimismo se ha impulsado el lanzamiento de campañas y movimientos como Blue Heart, sólo por mencionar alguna, promovida por United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC), que busca hacer conciencia sobre la trata de personas. Ante este panorama nos encontramos, sin embargo, ante un hecho innegable, el delito subsiste y aumenta, ¿qué es lo que permite? El poder de las redes dedicadas a este crimen se extiende cada vez más y su presencia se hace latente en todo el mundo, el crimen traspasa fronteras y no hay país que se encuentre exento, ya sea por tratarse del punto de origen, tránsito o destino. El poder de las mafias presenta alcances globales, con ingresos, tan sólo en América Latina, de 16 mil millones de dólares por año, según estimaciones de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Mujeres y niños, son reducidos a un producto que puede ser vendido un variado número de veces en un solo día, su libertad queda en el olvido, pierden la capacidad de decidir, y generan ganancias que ellos jamás verán, sometidos siempre bajo un ambiente de terror que les hace olvidar su condición de ser humano. Si bien es cierto que existe un fundamento legal que persigue a quien los somete, también lo es que muchos gobiernos no cumplen a cabalidad con éstos; es decir nos enfrentamos al hecho de que aún existen instituciones débiles que se ven incapacitas de perseguir el acto, ya sea por falta de recursos, falta de interés, corrupción o complicidad. Y, por otro lado, no hay que olvidar un hecho fundamental sobre el tema, la trata de persona con fines de explotación sexual, así como cualquier otro negocio ilícito, va a subsistir mientras exista mercado, sino hay clientes no hay trata. Es por ello que la existencia de protocolos, leyes, acuerdos, alianzas y manuales, si bien es importante, también lo es que existe la necesidad de crear una conciencia social, y una cultura que no se permita reducir a ningún ser humano a un objeto de uso. La trata de personas nos pone ante la perspectiva de un mundo atrasado en un siglo aparentemente tan adelantado, parece ser que olvidamos el derecho que todos tenemos de vivir con dignidad, siendo dueños de nuestros actos, de nuestra vida y de nuestro futuro; hacer referencia a la esclavitud dejó de ser un anacronismo y se convirtió poco a poco en una realidad latente y constante.

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