¿Amenaza o legado? – Batallas internas en EEUU sobre el Acuerdo Trans-Pacífico

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El Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, o TPP por sus siglas en inglés, está siendo un foco de debate en los Estados Unidos, ya que muestra los puntos de quiebre entre la Casa Blanca del presidente Obama y su base política, el Partido Demócrata. Tras ser originalmente un tratado de libre comercio multilateral entre ciertos países de la región del Océano Pacífico, el TPP se visualiza ahora como un amplio bloque de libre comercio para Asia-Pacífico y varios países del continente americano. Este acuerdo tiene grandes implicaciones, porque el resultado sería una mayor liberalización del comercio “en un área que produce el 40% del PIB mundial” (Solana, 5 de enero de 2013). Ante una promesa de mayor crecimiento económico para Estados Unidos, sobre todo en un ambiente económico que, a pesar de promesas de recuperación, solamente ha registrado modestas mejoras desde la crisis financiera de 2008, surge la pregunta de por qué existe un desacuerdo entre Obama y los demócratas. Para entenderlo, vale la pena explorar lo que la firma de un acuerdo como el  Trans-Pacífico implicaría tanto para el presidente como para su partido.

[caption id="attachment_463" align="alignright" width="214"]Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Obama. Fuente de la imagen: Flickr Llima Orosa Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Obama.
Fuente de la imagen: Flickr Llima Orosa[/caption]

La base ideológica del Partido Demócrata puede resumirse como una que defiende la justicia social, en primera instancia, de la cual se derivan otras cuestiones más específicas, como una plataforma política que aboga por derechos de igualdad social y económica, y que plantea una economía mixta donde el gobierno pueda intervenir en áreas donde el libre mercado produce externalidades negativas. Por ello, los demócratas generalmente apoyan cuestiones como programas sociales, que abarcan un sistema de salud amplio o universal, protección al consumidor y protección ambiental, entre otras. El presidente Obama, hasta ahora, ha demostrado ser más transparente que su predecesor, y una característica suya es que utiliza  argumentos lógicos, basados en hechos, para vencer a sus oponentes en los debates en torno a las políticas públicas del país. Él calcula que la firma del Acuerdo Trans-Pacífico podría generar 123 mil millones de dólares en exportaciones anuales y 77 mil millones de dólares de crecimiento económico. Ante las persistentes críticas de que, durante su mandato, la economía únicamente ha tenido una lenta recuperación, un acuerdo como ese podría estimular la economía norteamericana.

Pero para los integrantes de su partido, quienes ya han presentado obstáculos para Obama en el Senado, las consecuencias del Acuerdo están vinculadas a una amenaza para los empleos de la clase media y a una vulnerabilidad de Estados Unidos en el ámbito internacional. ¿A qué se debe esto? Se dice que en el Acuerdo hay medidas que protegen demasiado a las corporaciones multinacionales, y que si ellas decidieran denunciar al gobierno estadounidense, la demanda podría resolverse ante árbitros especiales designados por ellas, y no ante las cortes norteamericanas o de derecho internacional. A su vez, señalan que en el Acuerdo no hay ninguna disposición que restrinja las posibilidades de China de manipular su moneda.

[caption id="attachment_461" align="alignleft" width="221"]Senadora Elizabeth Warren. Fuente: Flickr Ninian Reid Senadora Elizabeth Warren.
Fuente: Flickr Ninian Reid[/caption]

Sin embargo, las cuestiones más básicas que vuelven al Acuerdo Trans-Pacífico un problema para los demócratas, es que lo visualizan como otra incursión del proceso de globalización que, en vista de ellos, ha dejado a la clase media muy vulnerable y al mismo gobierno expuesto a los riesgos de la interdependencia internacional; tales como los efectos de las crisis económicas internacionales y el mencionado caso de China. Sobre el problema de las demandas de las corporaciones, es la senadora Elizabeth Warren quien sostiene que la firma del Acuerdo puede llevar a subordinar la política interna y exterior a las decisiones de las multinacionales. Finalmente, Warren también establece la posibilidad de que un futuro presidente sucesor de Obama, pueda revertir las medidas de regulación financiera que se impusieron a Wall Street en 2010 basándose en el TPP. De lo contrario, sería una fuerte amenaza ya que  permitiría que se repitieran las mismas prácticas financieras desreguladas que llevaron a la crisis económica de 2008. En última instancia, desde la perspectiva de los demócratas están en juego dos cosas: por un lado, la autonomía de Estados Unidos; por el otro, “el sueño americano”, pues al abrir aún más las puertas a la globalización, las empresas se ven obligadas a reducir costos y, con ello, también se incrementan las pérdidas de empleos y los procesos de outsourcing.

Si bien son entendibles las razones por las cuales los demócratas ven el Acuerdo como una amenaza, es quizá un poco más difícil de interpretar el entusiasmo de Obama. La explicación más probable de ello es la sensación de que este puede ser su logro de política exterior del segundo período de su presidencia. Hay que contextualizar esto: en el Congreso norteamericano, los demócratas perdieron la mayoría en noviembre, mientras que  sus opositores, los republicanos, obtuvieron la ventaja en ambas cámaras. Los republicanos están constantemente oponiéndose a Obama en las decisiones de política exterior que él propone, las cuales tienen un tono más diplomático y conciliatorio que las medidas de imposición dura que ellos favorecerían. Asimismo, con el Congreso en manos de los republicanos, es difícil que se puedan lograr grandes acuerdos entre ambos partidos y que simbolicen un logro para Obama en su segundo período. El Acuerdo Trans-Pacífico, en cambio, es favorecido por muchos republicanos, y con los datos que tiene Obama sobre los beneficios económicos que puede traer a los Estados Unidos, es probable que se convierta en su única medida de política exterior exitosa de este período. De ser así, la visión de Obama de la firma de este acuerdo debe ser la de su único posible legado de política exterior que tiene la capacidad de perdurar.

Actualmente, el Senado ya aprobó el Acuerdo y ahora debe ser aceptado por la otra cámara del Congreso. Para los demócratas, la batalla para poner un límite a los avances de la globalización se ha perdido con este acuerdo. En el caso de  Obama, las consecuencias de la aprobación del TPP tendrán que verse con la distancia de la historia, pues la situación puede irse por dos rumbos: la de crecimiento económico que visualiza él, y la de una mayor desigualdad y desestabilidad que percibe su partido base.

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