Deja Vú

post-img

La situación que por estos días vive Venezuela es alarmante, resonante, y tiene en vilo, pendiente a gran parte del mundo.

Los excesos y  las violaciones a los Derechos Humanos fundamentales que están aconteciendo parecen increíbles e insostenibles y encienden alarmas en todas partes.

La situación, acrecentada tras el encarcelamiento de Leopoldo López y Daniel Ceballos, parece aumentar los temores y reforzar la situación de emergencia en la que está sumida Venezuela.

Las huelgas y la inminente intervención del Papa son guirnaldas para un país que vive un sismo social que intenta sacudir a la instituciones políticas, que, disfrazadas bajo un manto de nacionalismo a ultranza, maquillan o intentan maquillar los tintes autoritarios y totalitaristas que caracterizan a su gobierno.

[caption id="attachment_641" align="alignright" width="300"]15/05/2013 Città del Vaticano, piazza San Pietro, udienza generale del Mercoledì di papa Francesco Papa Francisco Fuente: Wikimedia Commons[/caption]

Su marcado perfil anti-imperialista es la bandera con la que se escuda y apoya el actual gobierno para cometer las violaciones anteriormente expresadas, limitar la oposición y la libre expresión.

América, prácticamente en su totalidad, estuvo, durante la década del 70, sumida en dictaduras militares. Por aquel entonces, aquellos procesos respondían a una situación coyuntural, en la que, la lucha que mantenían EEUU con el comunismo se infiltrara en los Estados, haciendo, en muchos casos, temblar los gobiernos y desestabilizar la vida social.

Las violaciones a los Derechos Humanos, por aquel entonces, eran la moneda corriente con la que pagaban quienes estaban en el poder a los diferentes grupos de presión y oposición, y las libertades eran, por no decir nulas, sutilmente reducidas.

Se puede explicar el poco éxito que tuvieron los reiterados reclamos a estos abusos, por aquellos años, en la situación histórica general, en la que condenar a un gobierno por su actividad interna sería inclinar la balanza hacia uno u otro lado en el status quo internacional.

Entonces, suena llamativo como hoy, cuando contamos con una Organización de Naciones Unidas completamente establecida y no, como antes, en plena adolescencia, a la cual secunda, regionalmente hablando, una Organización de Estados Americanos, de las cuales nos jactamos de galardonar sus éxitos, estamos ante esta situación en donde parece no vislumbrarse ninguna luz que vacile.

Pareciera como si los Estados y las Organizaciones, siempre tan duchos en discursos, se olvidan de la importancia de las palabras y sus definiciones ya que, si nadie ha tomado cartas en el asunto respecto a este tema es por el respeto que se le tiene al “Estado” de Venezuela, y a la importancia de mantener las relaciones con este.

Si vamos, como sugiero, a la definición de Estado, encontramos que este es una asociación de tres elementos, territorio, poder y personas.

¿ No será que negociamos y nos interesamos únicamente con y por uno de estos elementos?

Podemos ser más precisos y cuestionarnos si tomar una medida real en esta situación sería ir en contra del gobierno, y preguntarnos que entendemos por gobierno, y en quien reside o debería residir el poder, que es, en definitiva lo que nos convoca.

 Entonces si creemos, como internamente todos nos decimos y convencemos, que la mejor forma de gobierno es la democracia, debemos actuar como tal y entender que apoyar y escuchar el llamado del pueblo es la forma de sernos fiel a nuestro pasado, a nuestras creencias y a lo que aspiramos ser.

Leave a reply

Name

Website

Message