Para empezar a entender a México

post-img

México es un país sumamente desigual, brutalmente violento y descaradamente corrupto. A su vez, es una nación con riquezas naturales y bellezas turísticas, políticas históricamente progresistas y un bono demográfico con potencial. México es un territorio lleno de paradojas.  Quisiera creer que hay esperanza, porque hay cifras develadas por gente sumamente capaz y solo falta suficiente indignación para evitar que estas cifras empeoren y una ruta crítica para mejorarlas.

Para un primer acercamiento a la complejidad de los problemas que enfrenta México, se requiere de una visión integral que incluya los distintos fenómenos de violencia, pobreza y corrupción. Asimismo,  entender que la relación entre estos alimenta los círculos viciosos de pobreza y los crecientes espirales de violencia, o lo que es igual, son estos elementos los que frenan el crecimiento y las posibilidades de paz.

Cada uno de los estudios que ha salido en los últimos meses arroja una cifra más escandalizadora que el siguiente. Sin embargo, la vida cotidiana sigue en su estado normal y las políticas públicas tampoco parecen responder a lo que estos descubrimientos apuntan. La desigualdad no nos moviliza y la violencia nos paraliza.

Especialmente, hay tres estudios que recomiendo mucho para aproximarse a la situación del país: El Reporte País del Instituto de Economía y Paz (Marzo de 2015), Desigualdad Extrema en México: Concentración del Poder Económico y Político (Oxfam. Junio 2015) y México: Anatomía de la Corrupción (IMCO, CIDE. Mayo 2015).  Los datos presentados a continuación son una recopilación de los aspectos de cada investigación que se conectan entre sí:

  • En una primera impresión, México pareciera estar creciendo (aunque a un paso lento), ya que el ingreso per cápita lo ha hecho en las dos últimas décadas. Sin embargo, las tasas de pobreza en el país están estancadas porque el crecimiento económico se concentra en una muy pequeña porción de la población y no se “filtra” hacia las clases más bajas como en teoría se supone.
[caption id="attachment_604" align="alignleft" width="300"]Fuente de la imagen: Pixabay Fuente de la imagen: Pixabay[/caption]

La política fiscal no funciona de manera progresiva, tiene un efecto nulo en la redistribución y los impuestos sobre el consumo acaban por perjudicar más a las familias que menos tienen.

  • México alberga a algunos de los hombres más ricos del mundo y a 22.3 millones de personas en pobreza extrema. La cantidad de millonarios en México creció en 32% entre 2007 y 2012. El dinero esta aquí, o más bien las condiciones para hacerlo lo están.
  • Las cuatro personas más ricas de México han conseguido su fortuna a partir de las concesiones que hizo el gobierno, principalmente al sector privado en minería, telefonía y televisión (gran parte en la década de los noventa). Se dice que esta élite tiene capturado al Estado mexicano con fuertes privilegios fiscales y una falta de regulación que impide la competencia y fomenta el abuso de poder.
  • México ocupa el último lugar en percepción de corrupción comparado con los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Si se compara con los países del G-20, solo está por encima de Argentina, Indonesia y Rusia.

Cada vez con mayor frecuencia los políticos se ven envueltos en actos corruptos. Para reducir los problemas asociados con la captura política, se deben fortalecer los mecanismos de transparenciacorrupt-147974_1280 y de rendición de cuentas para revelar los potenciales o reales conflictos de interés en los que incurran los servidores públicos. A su vez, esto también ayudará a combatir la corrupción y a fortalecer el estado de derecho.

  • Hoy en día, el salario mínimo mexicano está por debajo de los umbrales aceptados de pobreza. Si un mexicano recibe el salario mínimo establecido y mantiene a alguien, a ambos se los considera pobres extremos. La distribución de la riqueza también discrimina por origen, ya que la tasa de pobreza de la población indígena es 4 veces mayor a la general.
  • La desigualdad en México se ve reflejada en el amplio contraste de la educación pública versus la privada, lo que implica la falta de creación de capital humano y las bajas en la productividad.
  • La población más marginada suele verse envuelta en los peores escenarios de violencia. Se estima que un aumento de un punto porcentual en el Coeficiente de Gini a nivel municipal se asocia con un aumento de 5 muertes por cada 100,000 habitantes.
  • México ocupa el lugar 144 en el Índice de Paz mundial y es el país menos pacífico de la región (Centroamérica y Caribe).
  • Se coloca en el sexto puesto a nivel mundial en gasto para la contención de violencia con 221 billones de dólares.

Luego de datos como estos, no es de extrañar la caída de 10 puntos porcentuales en términos de paz positiva y negativa desde 2008 hasta 2015. La paz negativa refiere a la ausencia de violencia. Por el contrario, la paz positiva es el conjunto de actitudes, instituciones y estructuras que mantienen la paz en las sociedades y proveen un ambiente óptimo para el desarrollo humano. Cuando la misma se fortalece, hay más compromiso social y mayor posibilidad de reconciliación de intereses.

La ruta crítica mexicana no puede dedicarse a la erradicación de la violencia, sino que debe basarse en los ocho pilares que sostienen la paz positiva para llegar a la estabilidad y al desarrollo humano, éstos son: distribución equitativa de los recursos, libre flujo de información,  buena relación con los países vecinos, altos niveles de capital humano, respeto a los derechos ajenos, bajos niveles de corrupción y un ambiente propicio para hacer negocios. Con los estudios recientes, es claro dónde se encuentran nuestros errores.

La información es poder y en este momento es el instrumento más valioso para generar un cambio. El primer reto será la aceptación (como bien dicen, aceptarlo es el primer paso) y el siguiente será la acción.

Leave a reply

Name

Website

Message