Entre la supervivencia y la caída: la Eritrea de Isaías Afwerki

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La urgente situación de los derechos humanos en Eritrea ya no puede ser ignorada”

Mike Smith, Presidente de la Comisión de Investigación sobre Derechos Humanos en Eritrea

Hablar de África inevitablemente nos hace pensar en Nelson Mandela, en el Mundial del 2010, en safaris, y también en escenas lamentables y trágicas como la hambruna, las guerras o los campos de refugiados. África es un continente con mucha historia, y también con mucho impacto en la comunidad internacional por lo que ha acontecido: la “primavera árabe” comenzó en Túnez, la caída de regímenes como el de Gaddafi o de Mubarak también se gestaron ahí; el genocidio en Ruanda, que puso en entre dicho la capacidad de aprendizaje de la humanidad; el terrible apartheid en Sudáfrica, con consecuencias en países vecinos como Zimbabwe. La lista es extensa.

[caption id="attachment_608" align="alignright" width="300"] Fotografía: Temesgen Woldezion, vía Wikimedia Commons Fotografía: Temesgen Woldezion, vía Wikimedia Commons[/caption]

Sin embargo, hay países que actualmente están atravesando por crisis muy fuertes que los está llevando al colapso. Uno de ellos es Eritrea.

Ubicado en el llamado “Cuerno de África”, Eritrea es un Estado relativamente pequeño, está en el lugar 101 a nivel mundial. Su historia es algo breve, pues desde comienzos del siglo XX y hasta 1974, fue parte del “Imperio Etíope” de Haile Selassie. Tras la caída del Emperador, una junta militar presidida por Mengitsu Haile Mariam tomó el poder de Etiopía, lo cual dio paso a que diversos movimientos se gestaran alrededor del país. El Frente Popular para la Liberación de Eritrea fue uno de los primeros conflictos que Mengitsu tuvo que enfrentar, además de inestabilidad dentro de Etiopía. Asimismo, tuvo que lidiar con la atención del mundo por la fuerte hambruna que azotó al país, así como con las consecuencias de ignorar los primeros signos de esa catástrofe “natural”, la cual terminó con miles de vidas – quizá más, no se sabe con certeza -. Eritrea también sufrió por este evento (Meredith, 2005)*.

No fue sino hasta 1991 que se pudo independizar de Etiopía, con Isaías Afwerki como cabeza del país, quien promovió el ideal de la democracia y los derechos humanos. Ideal que pasó a segundo plano cuando en 1998 ambos países se enfrentaron por cuestiones territoriales, y se logró un cese al fuego en el año 2000, con el apoyo de la Misión de las Naciones Unidas en Etiopía y Eritrea (UNMEE por sus siglas en inglés). El Presidente Afwerki ha mantenido un estado permanente de alerta por las incursiones militares etíopes, por lo que ha hecho obligatorio el servicio militar, además de que ha priorizado la amenaza por sobre las necesidades de la población.

Eritrea no ha tenido estabilidad. Además de vivir con la constante etíope, los eritreos han lidiado con un Estado represor que ha violado los derechos humanos de manera sistemática. De acuerdo con la ONU, aproximadamente cinco mil eritreos abandonan un país de poco más de seis millones de personas. Esta cifra no sólo debe provocar la atención de la comunidad internacional, también implica el esfuerzo y el trabajo de la misma para poder entender y atender a una nación que sufre tanto afuera como adentro. Los eritreos son víctimas constantes de la trata de personas, incluso de la tortura y la persecución; los pocos que tienen la suerte de llegar a Europa a través de Italia, deben enfrentar las duras políticas antiinmigrantes del continente. De acuerdo con ACNUR, son más de 350,000 refugiados eritreos, y la cifra continua incrementándose.

El régimen de Isaías Afwerki pende de un hilo. Con la investigación sobre derechos humanos y las violaciones sitemáticas, incluyendo ejecuciones extrajudiciales y esclavitud, ya se pueden tratar cargos por crímenes contra la humanidad. Aunque diversos analistas y organizaciones han puesto sobre la mesa la importancia del cambio en lo político, la necesidad de establecer un diálogo con Etiopía, o la integración económica regional, parece que el Presidente Afwerki está más cerca de la Corte Penal Internacional. De ser así, sería el segundo Jefe de Estado en funciones en tener cargos por crímenes contra la humanidad (el primero es Omar al-Bashir, de Sudán). ¿Qué pasará con la “Corea del Norte africana”?

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