Supremacía blanca: Cultura racista que permanece en los Estados Unidos

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La imagen de la bandera Confederada nos remite automáticamente a los estados sureños de los Estados Unidos y a su pasado esclavista; y probablemente muchos otros la relacionen también con el Ku Klux Klan y sus prácticas radicales. Sin embargo, para algunos es un símbolo histórico, una forma de honrar a quienes participaron en la Guerra Civil, y un legado sureño; tal es así que la bandera sigue ondeando hoy en día en el Capitolio de Carolina del Sur.

Sin embargo, tras el arresto de Dylan Roof, acusado de matar a nueve personas de raza negra en una Iglesia de Charleston, Carolina del Sur, la bandera Confederada se ha vuelto tema de polémica; la imagen del hombre de 21 años ondeando esta bandera ha desatado nuevas marchas y peticiones en torno a la prohibición de este símbolo. Las opiniones con respecto al tema son encontradas; y sin embargo, lo único en lo que se puede estar de acuerdo es en el hecho de que estos crímenes fueron producto del odio racial.

[caption id="attachment_620" align="alignleft" width="300"]Miembro del Ku Klux Klan Fuente: Wikimedia Commons Miembro del Ku Klux Klan
Fuente: Wikimedia Commons[/caption]

La Guerra Civil y la Decimotercera Enmienda traían como promesa un nuevo porvenir para la raza negra, abolía la esclavitud y abría el camino hacia la libertad, y un siglo después el Movimiento por los Derechos Civiles, logró mayores derechos y libertades para los afroamericanos; las Leyes  de Jim Crow fueron abolidas en 1964, sin embargo, la discriminación y la segregación racial siguen presentes. La voz de protesta contra la supremacía blanca se vuelve a escuchar en la Unión Americana, y el presidente Barack Obama declara que el racismo es todavía un problema a resolver en los Estados Unidos. La prohibición de la bandera Confederada, es sin lugar a dudas parte fundamental en la lucha de la sociedad afroamericana; sin embargo, este no debe ser el punto central.

Si bien es cierto que los asesinatos de Charleston centran la discusión en la presencia de símbolos esclavistas y de supremacía blanca, la realidad apunta hacía el hecho de que estos actos se conjuntan con una serie de acontecimientos que han venido sucediendo en los Estados Unidos, no sólo en los últimos meses, sino en los últimos años. La situación preponderante asienta que se trata de un problema cultural, de la persistencia de un odio racial y por ende, de la prevalencia de una ideología que afirma la superioridad de la raza blanca frente a otras razas.

La opresión ha cambiado de diversas maneras, pero la amenaza de la violencia racista sigue siendo cotidiana, y los asesinatos a manos de policías y supremacistas blancos aumentan. En febrero de 2012, el capitán de vigilantes voluntarios de la comunidad de Sanford, Florida, disparó y mató a un joven afroamericano de 17 años; en abril del mismo año, dos hombres recorrieron una comunidad negra de Tulsa, disparando sin razón aparente, asesinando a tres personas e hiriendo a una; mientras que en lo que va de este año, un hombre murió en custodia policial en Baltimore, mientras que un policía de Charleston disparó y mató a otro; y la lista de casos es aún extensa.

De acuerdo con The Guardian, del total de asesinatos perpetuados por policías a personas desarmadas, 32% eran de raza negra, 25% hispanos o latinos, y 15% blancos; por otro lado, la organización New America afirma que de 2001, a la fecha el número de muertos por ataques de extremistas de derecha asciende a 48. Los hechos nos llevan a afirmar que discursos aparentemente olvidados, como el del presidente Calvin Coolidge (1923-1929) quien afirmaba: “América debe conservarse americana. Las leyes biológicas demuestran que los nórdicos se deterioran al mezclarse con otras razas”, parecen encontrar un nuevo eco en la sociedad norteamericana.

El legado de segregación se vislumbra en forma de desempleo, injusticia, y menores oportunidades para la raza negra. En pleno siglo XXI nos enfrentamos a una “cultura racista” que no es capaz de aceptar la multiculturalidad en la que vive y de la que no puede simplemente escapar; a ello se suma la falta de acción política para enfrentar el tema; si bien es cierto las leyes condenan los actos y se excusan tras el discurso de aplicarse siempre bajo estándares igualitarios y justos, también es cierto que dentro del poder existen grupos que han develado en diversos momentos el sentimiento de supremacía blanca, para muestra el Partido Republicano.

El uso de símbolos por ende no son el único recordatorio de que el racismo persiste, este trasciende la bandera Confederada, o la esvástica utilizada por los grupos neonazis; se trata de un problema ideológico y cultural, que sin embargo no podemos centrar sobre un grupo específico. Si bien son las minorías afroamericanas las que tienen mayor poder y cuyas demandas resuenan con mayor fuerza, existen en el país norteamericano otros grupos que enfrentan condiciones similares. El racismo generalizado representa una barrera para la integración, y viene a demostrar que aquella lucha histórica por defender la identidad y garantizar los derechos, no está pronta a terminar.

         

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