Na tapa de Afogamento

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En un clima cargado de incertidumbre y disconformidad con su actual administración, la presidenta brasileña Dilma Rousseff, finalizó la pasada semana su gira por EEUU.

La titular de Brasil mantuvo reuniones con su par de EEUU, además de visitar distintos puntos del país y concretar contactos con industrias de fuerte influencia en Brasil.

Bras’lia - DFEste acercamiento entre dos gigantes Estados-Continentes, que a simple vista no es más que un tour rutinario destinado a afianzar las relaciones, favorecer los flujos comerciales y delinear políticas a futuro, se enmarca en un proceso de relacionamiento histórico entre ambos países. Desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, con el desmembramiento del Imperio, Brasil encontró en EEUU, más que un aliado, una puerta de escape, una salida de emergencia que lo catapultara en su conformación de Estado-Nación y afianzara su hegemonía en la región.

Será por esto, quizás por sus similitudes en cuanto a tamaño y disposición de la población y territorio que, desde aquel entonces, Brasil y EEUU caminan a la par, sabiéndose uno importante y a su vez necesitado del otro.

La presencia de Brasil y su importancia para América, más precisamente para el Cono Sur, es tal que un buen relacionamiento entre este y EEUU es mirado con recelo y preocupación por el resto del continente. Preocupación que afloró cuando se disparó el caso de espionaje por parte del gobierno norteamericano a los ciudadanos brasileros, que tensionó las relaciones generando gran disconformidad en la presidenta Rouseff.

Hoy el tema está superado, las diferencias saldadas y la amistad consolidada, o al menos eso es lo que este acercamiento intentó aparentar.

Pareciera que en un momento de crisis y cuestionamientos sociales, donde se acentúan aún más las históricas diferencias  internas de Brasil, en el cual podemos hablar prácticamente de segregación por castas, y donde las protestas y las críticas al gobierno ascienden a porcentajes alarmantes, tender un puente, solucionar “pequeñas desavenencias”  con el poderoso es el mejor camino a tomar.

En un momento donde todo se mide con lupa, donde las decisiones políticas y las alianzas están viciadas de polémicas e intereses y en donde a la hora de la toma de decisiones se tiene que tener en cuenta a países y gobiernos externos a esa negociación, parece que la salida a los problemas internos es la aceptación y el buen relacionamiento con otros países.

Esta gira entonces, de la presidenta Dilma por EEUU, en la que se la vió sonriente y satisfecha de entablar acuerdos, reuniones y compromisos, parece ser más que nada un “manotazo de ahogado” un intento desesperado por aparentar una situación externa favorable, amistosa, mientras que, internamente la situación es otra.

La situación, por tanto, no es más que un reflejo de la historia de la política entre ambos países, y al igual que hace más de un siglo, Brasil se acerca y busca hacerse fuerte con EEUU.

Dilma dio un paso, o como dicen ellos “Na tapa de afogamento”.

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