El Esférico Circulo de la Vida

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Que la vida es increíble e increíblemente paradójica no me quedan dudas.  Que es un círculo y que todo vuelve, cada vez menos.

Pero si, por alguna razón, necesitara algo para confirmar algunos de esos misticismos con los que, dos por tres nos encontramos y hacen cuestionarse al más estricto de los crédulos, la noticia del fallecimiento de Alcides Ghiggia, el mismo día 65 años después de convertir el gol que inmortalizara su nombre y constituyera, hasta el día de hoy, la mayor hazaña en la historia del balón pie, me inclinaría definitivamente ante la premisa de que sí, algo hay.

La historia de la hazaña es más que conocida e inculcada en nuestros pequeños orientales  casi a la par del “no se meten los dedos en enchufe” o “no se come nada que te de un extraño en la calle”, o por lo menos, conjuntamente con la enseñanza del mismísimo Himno Nacional.

Ahondar en detalles de aquel partido que consagrara a Uruguay como campeón del mundo sería entrar en reiteraciones ya que la crónica del match es material fácilmente encontrado.

Lo que sí merece la pena, a mi entender, es el tema político-cultural detrás.

Habrá quienes argumenten y critiquen que no es más que un partido de futbol, y que es tan solo un logro deportivo. Es cierto. Pero también es cierto que esta “hazaña deportiva”  logró aunar y reforzar un sentimiento de pertenencia único, un sentir y ser uruguayo y una forma de ser sumamente identificada a la forma en la que aquel equipo se impuso en un acontecimiento deportivo.

Hay un antes y un después. Los uruguayos de hoy no seríamos los mismos si aquella selección hubiera perdido el partido. Los brasileros tampoco serían los mismos.

Y  la persona que, en definitiva está detrás de todo esta historia, que dada su relevancia es Historia Nacional, es Alcides Ghiggia, el autor del tanto que perfilaría su vida y la de los uruguayos, irreversiblemente a un mítico camino. Un camino que se ha ido construyendo palmo a palmo y que tiene como resultado el que hoy se hable de “Garra Charrúa” , que ganar en la hora sea “ganar a lo Uruguay” y que, independientemente del futbol, o conjuntamente con este, define, a mi entender, a la gente de este pequeño país.

Porque estos epítetos con la que propios y extraños se refieren a la forma de juego de los uruguayos ha mutado a ser la forma a la que se refieren a los uruguayos en sí.

 Somos aguerridos, ganamos en la última y nos plantamos sin titubeos ante quien tengamos adelante, así sea la selección de futbol más poderosa del mundo o el presidente de la potencia mundial dominante.

Uruguay hace cosas que nadie espera que haga, que nadie confía que pueda hacer. Y, sin embargo, siempre está en boca de todos.  Como aquel 16 de Julio de 1950, o como este del 2015.

Entonces pensar en Alcides, picando por la punta y mandando la pelota al fondo del arco, sellando el partido es el punto de partida, a mi entender, a todo lo demás. Ya hasta ahí es un circulo que se cierra.

Pero parece que al Todopoderoso le gusta la ironía, le gusta ponerle un poco más de condimento a la vida de quienes estamos acá abajo y, quizás es pura impresión mía, con nosotros tiene algo aparte.

Porque ya estaba bien, ya nos había dado la cuota de magia y mística con la que un país tan pequeño tiene para entretenerse y galardonarse, casi te diría, para el resto de la cosecha. Pero con esto se pasó.

¡Culmina la vida del hombre el  mismo día que comienza toda la historia! Habiendo 364 otros más para elegir, es, casi te diría el final perfecto de una película nominada al festival de Cannes.

No me cabe duda que ahora abundaran biografías y notas sobre Alcides, del cual su vida no se trata esta reseña. Yo tan solo quiero expresar mi profunda convicción de que sí, hay algo más, y la tiene clarísima.

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