¿Cómo entender la segunda fuga de “el Chapo” Guzmán?

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“Sería imperdonable” respondía Enrique Peña Nieto tras la segunda captura, cuando León Krauze le preguntaba sobre la posibilidad de un segundo escape de “El Chapo” Guzmán. Esta fuga resulta un déjà vu para el gobierno mexicano en un nuevo sexenio, que a lo largo de tres años ha generado una gran cantidad de dudas y el pueblo cuestiona cada vez más la capacidad de sus gobernantes. La primera captura de Guzmán se realizó en 1993 por medio de las autoridades guatemaltecas extraditando al preso y siendo puesto en resguardo en el Penal de Puente Grande. Pasaron casi ocho años hasta que se escapara en enero de 2001 y dejara en duda la capacidad de mantenerlo preso; esto bajo un nuevo partido político en el poder y dos mandatos presidenciales. Las investigaciones arrojaron que, actualmente, uno de los principales líderes del Cártel de Sinaola, Dámaso “el Licenciado” López, era jefe de seguridad de Puente Grande cuando Guzmán se escapó. La primera fuga generó una ola de críticas y cuestionamientos a la administración del entonces presidente de la República, Vicente Fox, objetando la incapacidad del entonces Partido Acción Nacional que no había podido mantener a Guzmán tras las rejas con su llegada al Poder Federal. El escape había sido simple, y según versiones oficiales habría huido en un carro de lavandería. En el sexenio de Felipe Calderón, la escala de la violencia alcanzó cifras espectaculares cuando se declaró el ataque al narcotráfico y la persecución de un Estado de Derecho; comenzó el combate de las plazas, y el Cártel de Juárez defendiendo su zona o el rompimiento del pacto que llevaba el Cártel del Golfo con Los Zetas inició un derrame de sangre dantesco. A su vez, las fuerzas oficiales del orden enfrentaban a los líderes de diferentes cárteles, siendo muchos abatidos; para colmo de colmos tenemos el caso de Heriberto Lazcano, el cual, según fuentes oficiales, habría sido extenuado en el 2007, pero en un nuevo enfrentamiento en el 2012 con elementos de la Marina, se dieron cuenta que la anterior declaración estaba equívoca. Todos los rivales del Cártel de Sinaloa se basaban en atemorizar a la población y en  ejecutar enemigos. La extorsión y cobro de derecho de piso comenzó a dejar fuera del radar a Guzmán y sus secuaces, que únicamente se enfocaban al trasiego de la droga y manipulación de conexiones políticas. La logística operativa se profesionalizó y se comenzó a adquirir gente que con estudios de posgrado llevara a cabo la administración; la profesionalización se volvió un plus para el Cártel que le permitió colocarse como el más poderoso a nivel mundial. No es sorpresa que “El Chapo” comenzara a ser reconocido internacionalmente, por ejemplo en Forbes, como una de las personas más poderosas y millonarias del mundo, mientras dirigía una empresa de manera profesional pero ilegal. “El Chapo” trabaja con carisma sobre la sociedad para encontrar su aprobación; por su singular sencillez, es visto como un Robin Hood mexicano que ha aportado servicios básicos que ni el mismo gobierno atiende, en especial a Badiraguato. Su segunda captura se efectuó en febrero de 2014, en el cuarto del hotel Miramar en Mazatlán, tras haber  logrado evadir las autoridades en Culiacán días antes (escape que habría realizado por túneles que conectan el sistema de drenaje de la ciudad), todo en el estado de Sinaloa. Gran cantidad de gente salió a las calles manifestando que no arrestaran a “El Chapo” y se viera el lado bueno de que el narcotraficante siguiera libre. Guzmán presentó un amparo que obstaculizaría su extradición a Estados Unidos; días antes de su escape, el gobierno norteamericano había vuelto a pedir a las autoridades mexicanas la posesión de “El Chapo”, acción que la Procuraduría General de la República (PGR) no cumplió. Las capacidades del Cártel de Sinaloa van más allá de la imaginación de los gobernantes que las persiguen, con una profesionalización y gran capital. Guzmán escapó de un penal de máxima seguridad por un túnel de 1.5 kilómetros de distancia, sin sonar alarma alguna, obteniendo los planos del Penal de Alta Seguridad del Altiplano, sobornando a los custodios, realizando una construcción en la que desemboca el túnel sin supervisión (no contaba ni con permiso de construcción el predio). Asimismo, no levantó sospechas durante un año de la construcción del túnel que, además, tenía una base militar cerca. Tras la fuga, y como resultado de la actual investigación, tres funcionarios han sido destituidos por estar directamente coludidos con el escape. Por esto, autoridades de diferentes niveles del gobierno alrededor de la República mexicana brindaron el discurso de unir fuerzas con la Comisión Nacional de Seguridad para emprender la búsqueda de manera inmediata; algunos no proveen de las fuerzas del orden municipal y/o estatal, que esperan la llegada de fuerzas federales para la persecución. De inmediato, se comenzó a ofrecer una recompensa económica para quien provea de información que lleve a su captura; en México, la PGR ofrece 60 millones de pesos mientras que la DEA, únicamente ha vuelto a emitir una ficha de búsqueda. Al final de cuentas, el segundo escape de “El Chapo” es el reflejo de la impunidad y la falta de solidez del sistema judicial en México; siendo fácil de corromper, con filtraciones en altas esferas políticas, burocráticas y acceso a documentos clasificados. La huida es una gota más en el vaso para los mexicanos, que buscan justicia y cuentas claras: impunidad, incapacidad, injusticia o desconfianza (usted agregue el prefijo al adjetivo) de los cuales se ha vivido durante largo tiempo. Realmente, es imperdonable la facilidad con la que se orquestó el segundo escape.

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