La apertura de embajadas en Estados Unidos y Cuba

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Surgen rumores de que Fidel Castro profetizó las relaciones actuales de su país con Estados Unidos en 1973; en las que al parecer, el mandatario mencionó que los vínculos diplomáticos se reanudarían con el país de América del Norte:

“Estados Unidos vendrá a dialogar con nosotros cuando tenga un presidente negro y haya en el mundo un Papa latinoamericano”.

El 17 de diciembre del año pasado en las declaraciones del actual Ejecutivo de los Estados Unidos, junto con Raúl Castro, actual Presidente de Cuba, se anunció la renovación de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Hito histórico para la actual generación que, en su mayoría, desconoce que con la Revolución cubana se cumplen 56 años de ruptura entre los lazos de estos dos países.

Esta recapacitación diplomática marca un nuevo comienzo en la historia del siglo XXI y enaltece al gobierno de Barack Obama; pero, ¿por qué se da este mutuo acuerdo entre ambas naciones?

En primer lugar, la antigua idea bolivariana de Panamericanismo resulta la más idónea e idealista y el Papa Francisco resultó vital entre las aproximaciones de ambos mandatarios y su cuerpo diplomático. El Estado del Vaticano fungió como mediador para que se llegara a una tregua y a un acuerdo que aproximara y estrechara dichas relaciones.

Las frecuentes visitas de políticos y presidentes hispanoamericanos sirven como reflejo de la importancia de un Papa para la integración y diálogos de paz en el continente americano.

[caption id="attachment_696" align="alignright" width="300"] Fuente: almomento.mx
Fuente: almomento.mx[/caption]

Como segundo punto, se tiene que entender que son diferentes épocas y situaciones: la Doctrina Monroe, en su tiempo, buscaba apegarse al antiguo Panamericanismo, idea olvidada en la actualidad por los mandatarios en ambos conos del continente. Y es que ya no se trata de la posibilidad de una invasión extranjera, ideológica o militar, sino de la falta de apoyo y relación entre los estados que no se encontraban desde “la Política de buena vecindad” que se ha perdido con los años.

Como tercera razón, se consideran los beneficios económicos que se han ignorado desde hace 56 años y que se podrían maximizar: la exportación/importación de alimentos y/o materia prima (Cuba importa entre el 60 y 65% de estos recursos) que se vería favorecida por el flujo del dólar y por una competencia ante Brasil y Argentina en cuestiones agrónomas. A su vez, la captación turística ante un país misterioso y “vintage” para los estadounidenses, las remesas cubanas que son enviadas a la isla como la atracción de innovación tecnológica junto con un mayor acceso a la información e internet, son los privilegios tangibles que se encuentran en esta renovación.

En esta década, el aumento de los movimientos sociales y la defensa de los Derechos Humanos se han vuelto más populares. Tenemos como ejemplo la Primavera árabe que derrocó a dictadores anales en el norte de África. Es claro que la democracia cubana podría caber en este ejemplo y los mandatos castristas se verían afectados por las similitudes en las dictaduras africanas.

El aproximamiento de Washington a la Habana es el resultado de una nueva política que se ha emprendido en el mandato de Barack Obama, producto de los intereses realistas que el Partido Demócrata persigue.

[caption id="attachment_463" align="alignleft" width="214"]Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Obama. Fuente de la imagen: Flickr Llima Orosa Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Obama.
Fuente de la imagen: Flickr Llima Orosa[/caption]

En víspera de las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos, la popularidad de Obama ha decaído y ha sido considerado como “El peor presidente después de la Segunda Guerra Mundial” y el pueblo rara vez tiene memoria. Cómo no pensar en la Crisis del 2009 de la que se repuso poco después de haber sido electo; la desmilitarización de Iraq y Afganistán; la caída de líderes de Al Qaeda, en especial, Osama Bin Laden; las tensiones con Corea del Norte o con Rusia, por solo hablar de la política exterior que ha manejado durante su mandato.

Sus medidas cautelares en términos bélicos, como el cierre de Guantánamo (la única promesa que no ha cumplido pero se le ha condecorado con un Premio Nobel) son duramente criticadas por los conservadores de derecha que exigen una actitud más hostil ante las amenazas modernas. Por este motivo, no es novedad que la actual campaña republicana del empresario Donald Trump sea tan agresiva ante las demandas que Obama no ha atendido.

En el aspecto doméstico, la legalización a los matrimonios homosexuales o la legalización de la marihuana en los estados de Washington y Colorado, el ataque terrorista al Maratón de Boston o la discriminación racial por las fuerzas del Estado, colocan a Obama entre la espada y la pared. El programa de Obamacare y sus políticas de migración, son duramente reprendidas por el Partido Republicano por la poca continuidad que se le dio a la ideología de Bush.

Se tienen que aplaudir y condecorar las relaciones que se han vuelto a reanudar entre ambos países; dejarán de existir representaciones diplomáticas y podrán establecerse embajadas en ambos países. Más allá de lo bilateral, Cuba vuelve a ser candidato para la Organización de los Estados Americanos tras ser destituido tras la Crisis de los Misiles.

De profeta, Fidel Castro no ha tenido algo en sus palabras, sino su afirmación iba más allá de lo real y apelaba a posibilidades nulas en ese entonces: su analogía era similar a decir “que cuando los cerdos volaran” o “cuando se secara el mar” por la discriminación racial que se vivía en ese entonces o el favoritismo en los conclaves Papales.

Los cambios políticos domésticos (en el caso de Estados Unidos en cuanto a la elección de un presidente negro y Cuba con la sucesión de Raúl por Fidel) como los internacionales (la elección de un Papa hispanoamericano), hablan sobre la apertura de nuevas ideas que el Siglo XXI nos depara y lo que se podría avecinar: sólo sería cuestión de tiempo el encontrar una cooperación sólida y amigable entre Rusia y Estados Unidos o el reconocimiento de Palestina como Estado por las Naciones Unidas y reconocimiento como miembro (recuerde que en el 2012 fue admitido únicamente como Estado observador no miembro de la ONU).

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