Donde se conjunta la pobreza y el hambre: Corredor Seco guatemalteco

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Según datos del Fondo de Naciones Unidas para la Niñez (UNICEF), Guatemala es uno de los países con más altos niveles de desnutrición crónica en Centroamérica, afectando a un 43.4% de su población menor de 5 años. Sin embargo, la situación se torna aún más complicada en la región conocida como Corredor Seco, caracterizada por un alto riesgo de sequías, que comprende los departamentos de Quiché, Baja Verapaz, Guatemala, El Progreso, Zacapa, Jalapa, Chiquimula y Jutiapa, donde la amenaza de hambre es latente para un millón y medio de personas.

Esta situación viene arrastrándose desde 2014, tras haberse sufrido una ola de sequía en la región durante los meses de siembra, cuyo preámbulo parecía haberse anunciado tras tres años de lluvia irregulares. Para ese año, se estima que la sequía afectó a 168.278 familias, provocando pérdidas de hasta un 80% en las cosechas de 208 municipios, según datos del Consejo de Seguridad Alimentaria (CONASAN) y la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN).

Las condiciones actuales en el área han provocado un desgaste en los medios de vida de la población y de la seguridad alimentaria de las familias, desembocando en la pérdida de cultivos, agua, aumento de emigración y un incremento en los casos de desnutrición aguda. Si bien no se trata de un problema nuevo, sino más bien de una serie de condiciones que se han ido agudizando con el paso de los años como consecuencia de los cambios climáticos, lo cierto es que se ha hecho muy poco para atender la situación.

La crisis alimentaria provocada por la canícula prolongada representa una amenaza “silenciosa”, a diferencia de cualquier otra provocada por un problema climatológico, lo que ha generado indiferencia y olvido ante la situación. Sin embargo, se estima que para 2050 el fenómeno se extenderá al occidente del país, avanzando como consecuencia de la tala ilegal, los incendios forestales y la degradación de los suelos por el cambio de método o uso; lo que exige acciones concretas para contrarrestar y controlar la situación.

Las acciones gubernamentales emprendidas hasta ahora se han centrado en medidas a corto plazo; la focalización se ha hecho en la ayuda humanitaria, otorgando semillas y alimentos a las familias afectadas, funcionando hasta ahora como mero paliativo, y utilizado además por diversos gobiernos, a lo largo de los años, como una forma de atraer militantes y hacer campaña.

Por otro lado, en últimas fechas se ha recurrido a la implementación de una alerta temprana emitida por la SESAN, para advertir la existencia de una canícula prolongada para los meses venideros; pero, ante la evidente ausencia de medidas a largo plazo, el único resultado esperado es el de una crisis aún mayor.

De continuarse sin tomar las medidas adecuadas, las condiciones de sequía generarán un aumento en la pobreza de la región, al dejar sin medios de subsistencia a los pequeños productores, al mismo tiempo que la desnutrición y el encarecimiento de alimentos sufrirá un aumento en sus índices. Ante tal panorama, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y organismos no gubernamentales como Acción Contra el Hambre (ACH), han urgido al gobierno guatemalteco la toma de medidas concretas para frenar la situación.

Las acciones deben centrarse en la capacitación encaminada a la reserva de granos, que permita a los agricultores sobrevivir en los meses de sequía, ya que la emisión de la alerta temprana propuesta por la SESAN, será insuficiente sin ella; al mismo tiempo que se debe buscar la generación de una política de riego que permita a los agricultores tener acceso a ciertas cantidades de agua durante la sequía. Asimismo, más allá de estas medidas, también se debe hacer hincapié en la existencia de políticas enfocadas en contrarrestar los factores que han fomentado la agudización de la amenaza climática, tal es el caso del fomento de las buenas prácticas agrícolas y medidas contundentes para frenar la tala ilegal en la región.

Más allá de las crisis “comunes” que se vislumbran en el país, se esconden otras que parecen ser silenciosas, aquellas que ocurren en regiones cuya denominación es poco conocida incluso para el resto de su población; y sin embargo, la situación en el Corredor Seco es tan apremiante que las acciones al respecto no pueden seguir limitándose. El escenario pone al país ante la necesidad del inicio de trabajo conjunto entre gobierno, población y organismos, que permitan frenar y aminorar las causas y consecuencias de esta crisis alimentaria; que cabe mencionar, no es exclusiva de Guatemala, sino de todos los países centroamericanos que recorre el llamado Corredor Seco.

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