Derechos humanos: Un discurso occidental enmudecido en la Franja de Gaza

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Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Artículo 3° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; y sin embargo, la paradoja se hace presente en el espacio de 300 kilómetros cuadrados, que comprende la Franja de Gaza.”

La historia de Palestina resulta ser por demás interesante: su ubicación geográfica la hizo a lo largo de los siglos lugar de conquistas sirias, babilónicas, persas, griegas, romanas, árabes, cristianas y turcas; siendo el Imperio Otomano el último en dominar la región, de 1516 a 1917.

La derrota del mismo durante la Primer Guerra Mundial significó un parte aguas para la situación actual palestina. En 1917, a través de la Declaración Balfour , el gobierno británico se declara a favor de la creación de un hogar nacional judío en Palestina, a la vez que el territorio pasa a ser administrado por el gobierno británico. Sin embargo, la declaración  no se haría efectiva hasta más tarde, ante presiones de grupos nacionalistas, así como el aumento de tensión dentro de la zona.

La situación se tornó insostenible, lo que llevó a que en 1947  Naciones Unidas apoyara la división del territorio,  naciendo así el Estado de Israel;  empero, no pasarían más de dos años antes de que Israel se hiciera de todo el territorio.

El Estado palestino desaparece, su población se convierte en exiliados y refugiados, y a más de medio siglo del inicio del éxodo la solución no se vislumbra y las propuestas existentes no logran aterrizar en hechos concretos. Según datos del Centro de Información de las Naciones Unidas, actualmente existen alrededor de siete y ocho millones de refugiados palestinos, principalmente en Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania y la Franja de Gaza, así como en América Latina, Europa y Estados Unidos

Son quienes residen en la Franja de Gaza los más castigados por la situación; aproximadamente un millón y medio de personas, civiles en su mayoría, se encuentra viviendo en los 300 kilómetros cuadrados que comprenden la Franja, controlada por Israel y azotada diariamente por la violencia. Si bien este halo de violencia se ha visto presente desde hace más de medio siglo, el panorama se vio agudizado a partir de 2008, ante el inicio de hostilidades entre el grupo “terrorista” palestino Hamás e Israel.

Los ataques perpetuados por Israel con el supuesto propósito de diezmar las fuerzas de Hamás se han traducido únicamente en la muerte de civiles: el discurso occidental sobre derechos humanos pierde en este lugar significado alguno, como en cualquier otro territorio en zona de guerra; las masacres se convierten aquí en un acontecer continuo tras el conflicto constante. A diario, el palestino lucha por sobrevivir en la Franja,  le fue arrebatado el derecho de vivir de manera libre en su propia tierra.

Israel controla el acceso terrestre, marítimo y aéreo en la zona; la pobreza  va en aumento, y la mayor parte de la población tiene problemas para conseguir productos básicos; a lo que se suma el problema del desempleo, falta de vivienda, parcial o nulo acceso a la educación, destrucción de infraestructura civil y desplazamiento interno. Y sin embargo, Israel no es la única amenaza  que merma la vida y dignidad de los palestinos: la presencia de Hamás en la Franja se ha traducido en secuestros, torturas, violaciones, asesinatos, y ejecuciones públicas; a lo que además se suman las disputas internas entre distintos grupos de la región. Hamás enfrenta a yihadistas y salafistas, lo que arroja más víctimas al panorama ya desalentador.

Durante uno de los ataques perpetuados por Israel en  2014, considerado como uno de los más cruentos en los últimos años, la Organización de Liberación del Pueblo Palestino (OLP) estimó que entre julio y agosto se causaron dos mil 400 muertes, dejando un aproximado de 11 mil heridos. Estas estimaciones nos enfrentan a un hecho alarmante; durante más de cincuenta años se han sucedido innumerables ataques que nos remiten a cifras incalculables, que sin embargo, muestran de manera innegable la sucesión de un genocidio.

El derecho internacional humanitario, centrado en la protección de aquellos que no participan en el conflicto, queda relegado a lo largo de estos 300 kilómetros: “parece existir una alta posibilidad de que el derecho internacional humanitario haya sido violado de una manera equivalente a los crímenes de guerra”, afirma Navi Pillay, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Y sin embargo, el gobierno israelí  justifica su actuación bajo el argumento de legítima defensa y acusa a Hamás de ataques indiscriminados en contra de civiles palestinos e israelíes, así como el uso de edificios públicos para esconder municiones, lo que justifica el ataque a los mismos.

La situación en la Franja de Gaza merma los derechos humanos de la población, y si bien es cierto, la comunidad internacional ha cuestionado el hecho, y ha condenado la actuación de Israel; no se han tomado medidas concretas para detener o aminorar el conflicto. Naciones Unidas se ha encargado de emitir resoluciones sobre el caso, que sin embargo, no han sido atendidas por el Estado israelí, quien  además  ha impedido, en múltiples ocasiones, la introducción de organismos protectores de derechos humanos a este territorio.

Pero a pesar de las protestas por parte de Organismos y otros actores internacionales, la situación persiste y persistirá mientras Israel cuente con los recursos y el respaldo necesario para subsidiar el conflicto; es decir, mientras Estados Unidos e Israel sigan manteniendo relaciones económicas y políticas, y mientras esta potencia no condene las acciones de su aliado estratégico en Medio Oriente, el escenario para Palestina no se modificará. Y si bien, la violencia generada no es consecuencia absoluta de Israel, sino también de Hamás, se hace evidente que la subsistencia de este grupo es y será posible debido al hecho irrefutable de que sus brazos armados provienen de aquellos sectores que ante un panorama desolador, sólo ven en las armas una solución.

El conflicto pone a prueba el entorno internacional y le plantea el reto de construir una alternativa real y concreta; no se debe olvidar que no sólo se trata de cuestiones políticas sino humanitarias, la comunidad internacional debe recordar principios más allá del discurso.

 

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