Donald Trump: política migratoria sin sentido común

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“Cuando México envía a su gente, no envía lo mejor, no los envía a ustedes. Están enviando gente con montones de problemas; están trayendo drogas, están trayendo crimen, son violadores y algunos asumo que son buenas personas…”.

Mundialmente conocido, Donald Trump, inició su campaña por la candidatura republicana a la presidencia de los Estados Unidos con este discurso. A partir de entonces, anunció que de llegar a la Casa Blanca construiría un muro en la frontera sur, y desecharía la política migratoria aplicada por el actual presidente Barack Obama.

A casi un mes del speech que le valió las críticas, rompimiento de acuerdos comerciales y el título de racista otorgado por muchos; el magnate dio a conocer, este 16 de agosto, las líneas generales de su plan de política interna y externa, y entre éstas su propuesta de migración, que gira en torno a la construcción de un muro en la frontera México-Estados Unidos, la aplicación plena de las leyes migratorias, y cualquier plan de migración debe mejorar los empleos, salarios y seguridad de todos los estadounidenses.

Si bien, ya se ha planteado la propuesta, las declaraciones sobre el plan y la forma de llevar a cabo las vertientes no se vislumbran realmente claras, y de cierta manera, apuntan al hecho de que el republicano, no se ha colocado ante una perspectiva realista al realizar sus afirmaciones. “Sus declaraciones son prejuiciosas y absurdas y buscan más generar la nota que un proyecto”, señalaba en el mes de junio el Secretario de Gobernación del Estado mexicano, Miguel Ángel Osorio Chong, tras las declaraciones iníciales de Trump, y sin embargo, la calificativa sigue encontrando cabida ante el nuevo panorama.

Trump asegura que es México, quien debe pagar por la construcción del muro fronterizo, y de no hacerlo, se comenzará por aplicar una alza en las tarifas de entrada al país, cobro de tarifas adicionales a las visas de directores ejecutivos y diplomáticos mexicanos, así como la implementación de nuevos aranceles y recortes de ayuda exterior; lo cual sin duda generaría un desequilibrio en las relaciones diplomáticas entre ambos países. Sumado a este hecho, el magnate afirma que el Estado también se apoderará de las remesas derivadas de los salarios ilegales; lo que sin duda será imposible si cumple su promesa de expulsar a los migrantes del país.

En lo que corresponde a leyes migratorias, sus planteamientos son claramente radicales, todo bajo el amparo de una frase única “Tienen que irse”; el contendiente republicano propone deportar familias, revocar leyes de ciudadanía a las personas nacidas en Estados Unidos, ya que se opone tajantemente a la posibilidad de adquirir la ciudadanía sin importar el estatus legal de los padres, y poner límites más estrictos a la inmigración ilegal. Siendo la deportación el punto central, aclarando que posteriormente se permitirá que los buenos vuelvan a entrar al país.

Si bien, la propuesta en sí no tiene una estructura claramente definida, lo cierto es que hay quien la apoya; pero más allá del discurso de ultraderecha y la simpatía de grupos racistas y xenofóbicos, la realidad es que el supuesto carece de significado alguno. ¿Qué pasaría si Estados Unidos expulsara a todos los inmigrantes del país? O bien, centrémonos en su punto concreto, la expulsión de latinoamericanos, que según datos del Centro Hispano Pew, del total de la población nacida en otros países 29% corresponde a los nacidos en México, 8% en Centroamérica, y 7 % en Sudamérica.

La expulsión de aquellos latinos, que según palabras del propio Donald Trump, llegan y le quitan el trabajo a los norteamericanos, costándoles además una gran parte de sus impuestos, traería consigo un desequilibrio social y económico; la inmigración forma parte de la estructura social norteamericana, hecho que en pleno siglo XXI, y siendo el país más desarrollado del mundo, parte de la sociedad parece no comprender.

Una gran parte de la población, económicamente activa, que representa la fuerza de trabajo esencial para los Estados Unidos, nació fuera de sus fronteras y de irse, el desastre sería inminente. Los latinos representan no sólo la mano de obra destinada a la agricultura y la industria, sino que también muchos de ellos forman parte de sectores como la educación y la investigación.

De marcharse, ciudades como Nueva York o Los Ángeles tendrían que despedirse de una gran parte de sus residentes; y es que la expulsión no sólo significaría la salida de inmigrantes, sino de esposas y maridos que siendo ciudadanos norteamericanos decidieran irse con su familia. El retroceso en la economía sería claramente vaticinado, porque por más que los sectores de ultraderecha lo nieguen o eviten el tema, la realidad es que el trabajo inmigrante ha contribuido al crecimiento económico; a la vez que la estructura de la población, se vería gravemente sacudida en una sociedad cada vez más multicultural.

Siendo así, el planteamiento del empresario basado en el supuesto de que cualquier plan de migración debe beneficiar a la población estadounidense, se pone en duda; ya que ninguna crisis, ni social, cultural y económica significa un avance, y mucho menos una mejora en los empleos, salarios y seguridad de la sociedad. Si bien, como él mismo lo expresa, no se trata de las propuestas de un político, sino de un empresario con éxito. Lo cierto es que la reorientación en el rumbo del país, no suena más real que otras promesas falsas que el mismo Trump ha criticado.

El panorama puede resultar menos desalentador bajo el refugio de que, tras la expulsión se permitirá que los buenos vuelvan a entrar; sin embargo, como el resto del proyecto del republicano, la noción de bueno y malo no queda completamente definida, a su vez que la estrategia de acción sobre este punto, no se ha dado a conocer. Pero a pesar de estas irregularidades y desaciertos, lo cierto es que Donald Trump se ha colocado a la cabeza de las encuestas, perfilándose como el candidato republicano para las próximas elecciones en el país norteamericano.

La situación resulta por demás interesante, qué sucede en el país que ha permitido que un discurso racista se coloque como favorito de una parte de la población, cuál es la realidad que estos grupos aprecian; y si bien, el tema migratorio no es el único en la agenda del magnate, lo cierto es que sólo basta con entrar a la página del candidato y leer sus propuestas para darse cuenta que carecen de bases sólidas.

Imagen de Portada: Flickr DonkeyHotey

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