¿Qué hay para cenar?

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Diariamente, debemos consumir un determinado número de calorías para realizar todas nuestras actividades del día. Las calorías son unidades de energía térmica que nos aportan la fuerza que necesitamos y las podemos encontrar en todos los nutrientes y alimentos como en los carbohidratos, las proteínas y las grasas. Ingerir menos calorías de las que necesitamos no nos hará “rendir” de la forma esperada, por el contrario, consumir más de las que quemamos fomentan el peso extra.

Aunque la ingesta de alimentos para muchos de nosotros es algo normal, incluso rutinario, a nivel mundial existen alrededor de 870 millones de personas con desnutrición, esto es aproximadamente el 12% de la población mundial. El hambre se puede asociar a diversos factores como la pobreza, los conflictos armados, las afectaciones medio ambientales. De acuerdo con el Programa de Alimentos de las Naciones Unidas, la mayor parte de los habitantes en calidad de desnutrición se concentra en Asia y en la región del África Subsahariana. La población más afectada es la infantil, pues una mala alimentación provoca casi la mitad de las muertes en pequeños de 5 años al año.

Dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio se estipulaba la erradicación del hambre, argumentando que era una meta alcanzable. A lo largo de nuestra historia hemos presenciado lo que la falta de alimentos provoca, como las terribles hambrunas que azotaron a Etiopía en los años 80, o los actuales conflictos en Oriente Medio, especialmente en Siria y Yemen, donde se ha declarado emergencia humanitaria. La meta para eliminar el hambre se ha extendido quince años más, pero algunos factores asociados al clima – como las sequías – son una amenaza para la provisión de alimentos.

La poca o nula ingesta de alimentos no es solo una causa de hambre, también el consumo de alimentos que aportan muy pocos nutrientes fomentan lo que se conoce como “el hambre oculta”. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, este fenómeno implica la carencia de vitaminas y minerales esenciales en la dieta, componentes que son esenciales para potenciar la inmunidad y un desarrollo saludable. Aunque este tipo de desnutrición no se siente como “hambre” (un vacío en el estómago), sí afecta la salud en general. Los niños son los más vulnerables, pues perjudica su desarrollo físico y mental. La vitamina A, hierro, yodo y zinc son los micronutrientes de los que más se carece.

En la región latinoamericana muchos países se encuentran afectados por el hambre: Cuba, República Dominicana, además de los países centroamericanos, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia principalmente, pero es Haití el que más padece este problema. El caso de Centroamérica preocupa debido a las sequías que han afectado a la región y que son una fuerte amenaza para la producción de granos y otros alimentos. El año pasado, tanto el Programa Mundial de Alimentos como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), han trabajado en la región para brindar asistencia alimentaria a cerca de 240 mil personas, además del fomento de proyectos para la mejora en la producción agrícola.

Aunque pudiese parecer que hay factores que no podemos controlar o prever, como el clima, la Agenda de Desarrollo Post 2015 está apostando por un enfoque de resiliencia como parte fundamental del desarrollo sostenible, y por lo tanto, tendrá un impacto en la disminución del hambre y la malnutrición. Resiliencia implica la capacidad de un sistema para recuperarse o adaptarse tras fuertes cambios; llevar este enfoque más integrador a los lugares y comunidades más vulnerables hará frente a riesgos y crisis, además de fomentar el desarrollo y una mejor calidad de vida.

   

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