Uganda en la lucha por la igualdad de género

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“La discriminación contra la mujer, por cuanto niega o limita su igualdad de derechos con el hombre, es fundamentalmente injusta y constituye una ofensa a la dignidad humana.” Artículo 1° de la Declaración Sobre la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer.

La promulgación de los Derechos del Hombre y el Ciudadano en Francia del siglo XVIII, dejó un asunto pendiente en su haber, tal es el caso que en el siglo XX las mujeres se encontraron luchando por sus derechos. En los años sesentas y setentas, las proclamas de la mujer resonaron con fuerza y en las últimas décadas, se han logrado cambios legislativos que, sin embargo, no siempre han traspasado el papel, ya que los hechos y las cifras nos confrontan con una realidad que corresponde a un mundo de desigualdades.

Si bien, la inclusión de las mujeres en la sociedad moderna ha aumentado, lo cierto es que lo ha hecho a un ritmo verdaderamente lento; al respecto, ONU Mujeres plantea la iniciativa Por un planeta 50-50 en 2030: Demos el paso por la igualdad de género, que busca la creación de compromisos gubernamentales enfocados en abordar las dificultades que impiden el progreso de mujeres y niñas. La lucha es global, a su favor se pronuncian instituciones gubernamentales, organismos internacionales, organismos no gubernamentales, etc. No obstante, la problemática se plantea, y por ende se debe abordar, desde ángulos diferentes dependiendo del hemisferio y el país en que se sucede.

Uganda es uno de los países más pobres del mundo, cuya sucesión de conflictos a lo largo de los últimos años lo ha colocado como un Estado que enfrenta una violación tolerada y generalizada contra la mujer. En este lugar, persiste la discriminación y abuso de género, provocando un impacto negativo en su modo de vida. La violación, la prostitución forzada y el abuso físico y psicológico, resulta ser el día a día de este sector de la población.

Por otro lado, se enfrentan ante la disyuntiva que plantea el contexto cultural; la sociedad africana se basa en un sistema de relaciones patriarcales que somete al género femenino. Hasta hace algunos días, el precio de la novia fue declarado inconstitucional, permitiendo así que la mujer pueda separarse de su pareja aunque no pueda reembolsar el dinero que se pagó por ella antes del matrimonio; y sin embargo, siguen existiendo situaciones que limitan y someten a la mujer.

Sumidas en la pobreza son expuestas a morir durante el parto, o por enfermedades como el paludismo, cólera y VIH; desde pequeñas son privadas de un mejor futuro al verse carentes de salud, educación, alimentación y tierras para cultivar. La mayoría quedan huérfanas a temprana edad, muchas son secuestradas y otras sometidas al matrimonio infantil.

Organizaciones como MIFUMI, sostienen que el empoderamiento de la mujer es la clave para superar aquellas tradiciones que someten a la violencia y otras formas de abuso; la mayoría de las mujeres que trabaja, lo hacen en situaciones precarias y recibiendo sueldos bajos, y las políticas públicas se mantienen al margen de la situación. Parece ser que las instituciones ignoran el hecho de que, si ellas tuvieran la oportunidad de desenvolverse completamente, serían contribuidoras fundamentales en el desarrollo del país.

La lucha por la igualdad es difícil. En Uganda hablar de más puede costar muy caro, tal como lo sostenía Atuki Turner, fundadora de MIFUMI; la lucha por los derechos de la mujer es vista por la población como un intento por destruir la cultura. Sin embargo, organizaciones como esta, así como Humanium, UNICEF, ONU Mujeres, entre otras, han encaminado sus metas para lograr que la mujer deje de ser considera un objeto carente de derechos y de dignidad.

Los derechos humanos son inherentes a nuestra naturaleza, “Toda persona tiene los mismos derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquiera otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”, dicta el Artículo 2° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Para hacer cumplir dicha aseveración, el cambio supone un trabajo que envuelva la transformación social, económica y política de la nación; y sin embargo, el mayor reto resulta ser la evolución de una cultura, con valores patriarcales sumamente arraigados; pero más allá de una visión que puede ser tachada de occidental y por ende incapaz de entender las cuestiones culturales, lo cierto es que la mujer debe dejar de ser vista como un ser de segunda.

Pero no hay que olvidar, que si bien de manera diferente, la problemática se reproduce en todo el mundo; en Estados Unidos la mujer alza la voz por un salario equitativo, en Chile porque se reconozca su derecho a decidir sobre su propio cuerpo, en México por la necesidad de que se rompa la impunidad frente a la violencia feminicida, en Uganda porque la mujer deje de ser tratada como mercancía. La realidad nos confronta con un panorama de lucha a lo largo y ancho del globo, vivimos en una sociedad que no se ha librado del machismo, en la cual aún es difícil reconocer que la mujer es merecedora de los mismos derechos que el hombre, por el simple hecho de ser humana.

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