Opresión y silencio: el éxodo rohingya en el Sudeste Asiático

post-img

La crisis humanitaria en el sudeste de Asia ha acaparado reflectores de los medios internacionales: miles de refugiados procedentes de Myanmar y Bangladesh se encuentran a la deriva en el Mar de Andamán. Muchos han sido abandonados, sin alimentos ni agua. El objetivo: llegar a Indonesia o Malasia, países mayoritariamente practicantes del Islam.

Poco se ha dicho sobre los bangladesíes, aunque se estima son una pequeña fracción de refugiados económicos, en busca de empleo y una mejor calidad de vida. El número mayoritario responde a los “rohingya”, una minoría musulmana del occidente de Myanmar.

De Myanmar se conoce relativamente poco, aunque algunas reformas lideradas por el actual Presidente, Thein Sein, han promovido una lenta transición hacia la apertura del país, mismo que fue liderado por militares prácticamente desde su independencia en 1948. Ha celebrado elecciones en 3 ocasiones, dos de ellas (1990 y 2010) con severas críticas por su falta de transparencia y credibilidad; la tercera, en 2012, demostró que los cambios se están haciendo reales, gracias a la relativa libertad y legitimidad que hubo en las elecciones, y sobre todo por permitir que la activista y Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, participara en ellas y obtuviera un lugar en el Legislativo nacional. En noviembre de este año, Myanmar celebrará nuevas elecciones de las cuales se espera mucho: desde forjar un camino hacia la democracia más sólido, hasta hacer frente a los problemas más importantes que enfrenta el país, incluidos los conflictos étnicos.

¿Qué sucede con los rohingya? Esta minoría habita en el Estado de Rakhine, en la frontera con Bangladesh. No se trata de un conflicto nuevo, sino de una situación de intolerancia étnico-religiosa en un país mayoritariamente budista. Aunque se da cuenta de la presencia de los rohingya en esta región desde el siglo VII, como descendientes de mercaderes árabes musulmanes, mogoles, persas, bengalíes, entre otros, el gobierno se ha negado en otorgarles la ciudadanía al considerarles como migrantes ilegales procedentes de Bangladesh. De acuerdo con la organización United to end genocide, se estima que hay más de 1.3 millones de rohingya en el país, aproximadamente el 2% de la población total de Myanmar.

Naciones Unidas calificó a los rohingya como una de las minorías más perseguidas del mundo. No sólo se les ha negado la ciudadanía en el país que consideran suyo, sus derechos fundamentales también se han vulnerados. Por otra parte, han sido víctimas de constantes ataques. En 2012, por ejemplo, la erupción de una ola de violencia en contra de ellos provocó que más de cien mil rohingya fuesen desplazados y ubicados en campos, ya que extremistas incendiaron aldeas enteras y atacaron a sus pobladores. Se presume que muchas de las acciones emprendidas en contra de los rohingya han tenido la connivencia del gobierno nacional, lo cual ha provocado un éxodo importante hacia otros países de la zona. La vía más factible de abandonar el país es la marítima, lo que les ha valido el mote de boat people.

En los últimos meses, miles de rohingya han abandonado Myanmar debido a las fuertes restricciones impuestas por el gobierno, además de la violencia de la cual son víctimas. Sin embargo, presas por la desesperación, deciden viajar en botes sobresaturados, en condiciones de peligro y sin víveres suficientes. Malasia e Indonesia han logrado rescatar a cientos de migrantes, pero cientos más – quizá miles – aún se encuentran a la deriva en el mar. Hace tan sólo unos días, se llevó a cabo una reunión de emergencia en Tailandia, con el fin de atender la grave situación de los migrantes rohingya y bangladesíes. Entre las acciones más urgentes está el de mantener operaciones de búsqueda y rescate. Además se presentó una propuesta de Malasia para crear un fondo de ayuda, el cual tiene a Arabia Saudita entre los potenciales patrocinadores. Por otro lado, se sostiene la idea de trabajar en las causas de la migración como las pocas oportunidades laborales, el escaso acceso a la educación y al respeto por los derechos humanos.

Pese a los pequeños avances que se han dado en días recientes, persisten varios puntos de importancia que deben atenderse a nivel nacional (en el caso de Myanmar) y a nivel regional:

a) Los rohingya, al ser considerados como “migrantes ilegales de Bangladesh”, no tienen derecho a la ciudadanía. Lo grave es que ser apátrida es lo que más se asemeja a su caso, los convierte en una nación sin Estado. El gobierno norteamericano estableció que una posible solución es que el gobierno de Myanmar conceda la ciudadanía a los rohingya, a fin de acceder a la satisfacción de necesidades básicas, como educación y salud.

b) Tanto Indonesia como Malasia y Tailandia accedieron a dar atención a los refugiados rohingya, pero bajos condiciones como la repatriación al cabo de cierto tiempo. En este punto, se debe destacar que, salvo Camboya y Filipinas, los países del sudeste asiático no son parte de la Convención de 1951 sobre el estatuto de los refugiados, ni del Protocolo de 1964. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados se prepara para el posible retorno de más de veinte mil refugiados, aunque las condiciones se presentan endebles.

c) Los hallazgos de fosas comunes en Malasia y Tailandia han vuelto a poner sobre la mesa el drama del tráfico de personas que persiste en la zona. Debido a los cambios en las rutas migratorias, los traficantes han creado campos para los refugiados en la zona fronteriza, posiblemente con el encubrimiento de oficiales. La complejidad de las redes de trata y la limitada acción gubernamental han permitido que el tráfico persista.

d) Con las elecciones a unos meses, el gobierno de Myanmar no sólo ha mostrado una fuerte negligencia ante los rohingya, pues parece que la política del Estado es la promoción de una limpieza étnica de los mismos. Desafortunadamente, aquellas voces que deberían alzar la voz, como la de Ang San Suu Kyi, han permanecido en silencio. Para tener unas elecciones creíbles, Myanmar necesita trabajar en llevar seguridad y bienestar a los lugares que más lo requieren, para garantizar un clima de estabilidad; más aún debe realizar transformaciones en sus leyes y políticas, en dejar de lado la intolerancia religiosa y poner un alto a los conflictos étnicos que subsisten en el país.

Imagen de portada: Flickr AK Rockefeller

Leave a reply

Name

Website

Message